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Miércoles, 25 Octubre 2017 23:46

El candidato solitario

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Por Augusto Manzanal Ciancaglini

Son tiempos difíciles para los partidos políticos en muchos rincones de Occidente, la crisis de representación se evidencia con empresarios devenidos presidentes; Donald Trump es el ejemplo más claro, pero es una realidad que también se vive en América Latina, Mauricio Macri es prueba de ello.

La corrupción, las contradicciones discursivas, la ausencia de ideas, en un marco económico desfavorable para algunos sectores de la sociedad, han elevado el hartazgo y el desprecio por la clase política.

Los partidos tienen una estructura y son imprescindibles para el diseño de la gobernabilidad, el fortalecimiento de la democracia y la consolidación de la institucionalidad. Por lo tanto, una democracia sin partidos puede ser peligrosa: el énfasis en las bases termina desembocando en un líder fuerte; los movimientos políticos que aspiran a desarrollar una imposible democracia directa se suelen volver autoritarios, el Movimiento 5 Estrellas del cómico italiano Beppe Grillo ejemplifica esta deriva.

La política fuera de los partidos se puede domesticar, es decir, materializarse con la forma de los partidos tradicionales o, en caso contrario, recaer en inexperimentados y caóticos movimientos tendentes a acomodarse en torno a un líder poderoso. Un reclamo popular que elude los cauces naturales de la intermediación política cae habitualmente en el autoritarismo, y lo que en origen era una renovación democrática, termina paradójicamente atenazando a la sociedad, tal como afirma  Norberto Bobbio: “Comprimiendo la capacidad de los ciudadanos y de los grupos para proponer nuevas demandas”.

En República Dominicana el sistema de partidos ha vivido una progresiva fragmentación, al tiempo que se atenuaba el peso ideológico en los programas y, por ende, de los vínculos con la ciudadanía, a excepción de la búsqueda del voto en época electoral.

La necesidad de una figura al margen de los conflictos partidistas, de un candidato “apartidista”, estuvo muchas veces sobre la mesa. Sin embargo, más allá de la absorción de empresarios, no se ha concretado claramente.

Así como en España las manifestaciones de los indignados fueron el germen de Podemos (actualmente la tercera fuerza en el Congreso de los Diputados), la Marcha Verde podría modificar el sistema dominicano. No obstante, para que esto se haga realidad deben converger varios factores. Quienes participan en este movimiento social tienen dos opciones: estancarse en un reclamo estéril cuando la novedad pase u organizarse como un movimiento que arrastre directamente las inquietudes sociales por las vías estatales.

De una forma u otra, todavía no se vislumbra un Macron dominicano, un individuo independiente del amparo partidista, llamado a ser un reformador del entero sistema político.

Entonces, el surgimiento de una nueva fuerza por fuera de los partidos depende de la confluencia de tres elementos principales: el aumento del ímpetu social, el apoyo de sectores poderosos y la capacidad sobresaliente de un nuevo líder. Augusto Manzanal Ciancaglini es politólogo y reside en la ciudad de Santo Domingo.


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